Japón ha regresado con fuerza al radar de los mercados internacionales. Con Sanae Takaichi al frente del partido gobernante, los inversores reaccionaron con entusiasmo: el Nikkei 225 subió más de un 4 % en una sola jornada, mientras que el yen se debilitó hasta la zona de los 150 por dólar.
El mensaje fue claro: el mercado espera una etapa de estímulos económicos y políticas monetarias más flexibles para reactivar el consumo y la inversión. Este nuevo enfoque, que algunos ya denominan “Sanaenomics”, combina gasto público y crédito barato para impulsar el crecimiento, aunque plantea un dilema: cómo estimular la economía sin agravar una deuda pública que supera el 235 % del PIB.
El contexto no es sencillo. Aunque la inflación japonesa se mantiene más moderada que en Occidente, el coste de la vida sigue aumentando, y los consumidores notan el impacto en su poder adquisitivo. Los mercados celebran las medidas de estímulo, pero los analistas advierten que el margen de maniobra es limitado. Japón necesita evitar que el aumento del gasto genere tensiones inflacionarias o erosione la confianza en su deuda soberana.
¿Hasta dónde puede debilitarse el yen antes de convertirse en un problema?
La divisa japonesa se ha convertido en el centro de atención. Un yen más débil favorece a los exportadores —abarata sus productos en el exterior y mejora sus márgenes—, pero encarece las importaciones, especialmente de energía y alimentos, lo que golpea el bolsillo de los hogares.
Si la depreciación se acelera demasiado, el Banco de Japón (BoJ) suele intervenir verbalmente (jawboning) para frenar la presión sobre la moneda. Los analistas marcan el nivel de los 151 yenes por dólar como una zona psicológica clave: por encima de 151,2 el mercado apunta a 152,5, mientras que una corrección por debajo de 149,8 podría reactivar la demanda de yenes.

El Nikkei 225 respondió al “efecto Takaichi” con una fuerte subida impulsada por la expectativa de mayores beneficios empresariales derivados del yen débil. Aun así, los indicadores técnicos empiezan a mostrar cierto agotamiento. La zona de 47.800 puntos se perfila como nivel de referencia, cuya superación podría abrir el camino hacia los 49.000. El tono general sigue siendo alcista, pero con una volatilidad elevada y márgenes de corrección estrechos.

Para los inversores internacionales, el llamado “Takaichi trade” —apostar por la renta variable japonesa mientras el yen se mantiene débil— se ha consolidado como una estrategia de corto plazo. Sectores como tecnología, automoción y maquinaria industrial son los principales beneficiados. Sin embargo, los inversores europeos o estadounidenses deben protegerse frente al riesgo de divisa: si el yen se deprecia más, puede neutralizar parte de las ganancias bursátiles.
¿Podrá Japón mantener el equilibrio entre estímulo y sostenibilidad?
El Gobierno japonés ha demostrado experiencia en moverse entre la prudencia fiscal y la expansión monetaria. Desde los tiempos de las “Abenomics” de Shinzo Abe, Japón ha apostado por una combinación de gasto público, tipos de interés bajos y apoyo a las exportaciones.
Sanae Takaichi recupera ese enfoque con un matiz más político: priorizar la actividad económica frente al ajuste presupuestario. Pero el contexto internacional ha cambiado. Los precios de la energía son más inestables, la competencia tecnológica con China y Corea del Sur es intensa y la deuda, aunque mayoritariamente en manos nacionales, preocupa por su tamaño.
El Banco de Japón mantiene su política de control de la curva de rendimientos (yield curve control) para evitar un repunte brusco de los tipos de interés, pero una relajación de ese control podría provocar volatilidad global. Si los rendimientos de los bonos suben, el atractivo de la bolsa podría disminuir.
A corto plazo, el estímulo fiscal y monetario está reactivando el ánimo de los mercados, pero un yen excesivamente débil y una inflación persistente podrían transformarse en obstáculos. El desafío para Takaichi será mantener el equilibrio: un impulso económico que anime la inversión sin deteriorar el consumo interno ni desatar tensiones financieras.
Japón vuelve a estar en el centro del mapa financiero, con un liderazgo político decidido a mantener la expansión y un mercado bursátil que responde con optimismo. Sin embargo, el país sigue caminando sobre una cuerda fina entre el crecimiento y el riesgo, consciente de que cada impulso económico tiene su precio.


